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Continuacion de la 1ra Pagina
Habala Una Bendición
por
Pastor Joel Osteen
Esa clase de palabras negativas destruirá más rápidamente a una persona
de lo que se imagina. No puede hablar negativamente de alguien en un
momento, y después salir y esperar que esa persona sea bendecida. Si
usted quiere que sus hijos sean productivos y que tengan éxito, usted
necesita declarar palabras de vida sobre ellos en lugar de predicciones
de mal y desesperación. La Escritura nos recuerda que con nuestras
palabras podemos bendecir o maldecir a las personas.
Las personas en el Antiguo Testamento tenían muy claro el poder que
ejercía la bendición. Al acercarse el patriarca de la familia a la
muerte, los hijos mayores se juntaban al lado de su padre, luego él
colocaba sus manos sobre la cabeza de cada hijo y hablaba palabras
amorosas y llenas de fe sobre ellos y sobre su futuro. Estas frases se
conocían como “la bendición”. La familia estaba consciente de que eran
más que el último testamento del padre; estas palabras llevaban consigo
la autoridad espiritual y tenían la habilidad de traer éxito,
prosperidad y salud a su futuro.
En muchas ocasiones, los hijos aun se peleaban por la bendición del
padre. No se estaban peleando por el dinero que pudieran heredar, ni
tampoco por el negocio familiar. No, ellos se peleaban por esas palabras
llenas de fe porque sabían que si recibían la bendición de su padre, las
riquezas y el éxito serían las consecuencias naturales de ella. Y más
que eso, deseaban profundamente recibir la bendición de una persona a
quien amaban y respetaban.
Uno de los relatos bíblicos más sorprendentes sobre el poder de la
bendición nos llega a través de las vidas de Jacob y Esaú, los dos hijos
de Isaac. Jacob deseaba recibir la bendición de su padre, no cualquier
bendición, sino una bendición que le pertenecía legítimamente al hijo
primogénito de la familia. Isaac estaba viejo, cercano a la muerte, y
prácticamente ciego. Un día llamó a su hijo, Esaú, y le dijo: “Esaú, ve
y mata un animal y prepárame una comida, y te daré la bendición que le
pertenece al hijo primogénito”. Pero la madre de Jacob, Raquel, escuchó
esta conversación. Raquel amaba a Jacob más que a Esaú, así que le dijo
a Jacob que se pusiera la ropa de Esaú con la intención de engañar a
Isaac para que le diera a él la bendición. Entonces preparó una de las
comidas preferidas de Isaac.
Mientras Esaú andaba de cacería, ella le dijo a Jacob: “Ve a tu padre y
preséntale esta comida, y él te dará la bendición que en realidad le
pertenece a tu hermano”.
Jacob reconoció la seriedad de este fingimiento y dijo: “Pero Mamá, ¿qué
pasa si él se da cuenta que estoy mintiendo, y me maldice en lugar de
bendecidme? ¡Seré maldecido por el resto de mi vida!”
Medite eso. Jacob entendía que él estaba arriesgando todo su futuro con
este truco, estaba consciente de que las palabras que hablara su padre
sobre él le impactarían, ya fuera para bien o mal, por el resto de su
vida.
Declare el favor de Dios
Reconozcámoslo o no, nuestras palabras afectan el futuro de nuestros
hijos ya sea para bien o para mal. Nuestras palabras tienen la misma
clase de poder que ejercían las palabras de Isaac. Debemos hablar
palabras amorosas de aprobación y aceptación, palabras que animen,
inspiren y motiven a nuestros hijos a alcanzar nuevas alturas. Al hacer
esto, estamos hablando bendiciones a sus vidas, estamos hablando
abundancia e incremento, estamos declarando el favor de Dios en sus
vidas.
Pero en demasiadas ocasiones, nos deslizamos a hablar palabras duras que
critican a nuestros hijos, constantemente encontrando alguna falta en lo
que nuestros hijos estén haciendo. “¿Por qué no puedes salir mejor en
tus notas?” No dejaste bien el jardín. Vete a limpiar tu habitación,
¡parece un pocilga! No puedes hacer nada bien, ¿verdad?”
Palabras tan negativas causarán que nuestros hijos pierdan ese sentido
de valor que Dios ha puesto dentro de ellos. Como padres, tenemos la
responsabilidad ante Dios y la sociedad de entrenar a nuestros hijos, de
disciplinarles cuando desobedecen, de amorosamente corregirles cuando
toman malas decisiones, pero no debemos estar constantemente
regañándoles. Si usted habla continuamente palabras que desaniman y
desalientan, antes de mucho tiempo usted destruirá la imagen propia de
su hijo; y con sus palabras negativas, abrirá la puerta, permitiendo que
el enemigo traiga toda clase de inseguridad e inferioridad a su vida.
Millones de adultos hoy día están todavía sufriendo los efectos de las
palabras negativas que les hablaron sus padres de niños.
Recuerde que si comete el error de constantemente hablar palabras
negativas sobre sus hijos, usted está maldiciendo su futuro. Además,
Dios le pedirá cuentas a usted por haber destruido su destino. Con la
autoridad viene responsabilidad, y usted tiene la responsabilidad como
autoridad espiritual sobre su hijo de asegurarse que se sienta amado,
aceptado y aprobado. Usted tiene la responsabilidad de bendecir a sus
hijos.
Además de eso, la mayoría de los niños desarrollan sus conceptos de
quién es Dios y cómo es Él de la imagen que tienen de sus padres. Si su
padre es malo, criticón y áspero, inevitablemente los hijos crecerán con
una manera distorsionada de ver a Dios. Si el padre es amoroso,
bondadoso, compasivo y justo, el hijo entenderá mejor el carácter de
Dios.
Una de las razones por las que hablo tanto de la bondad de Dios es
porque vi a mi padre ejemplificarla. Ninguna persona pudo haber
representado mejor a Dios ante los hijos Osteen que mi papá. Aun cuando
cometíamos un error o nos desviábamos, a la vez que mi papá se mantenía
firme, también era amoroso y bueno. Él nos guiaba al camino correcto
inmediatamente. Nunca usó tácticas ásperas para meternos de nuevo al
camino; nos amó hasta corregirnos y aunque era un hombre muy ocupado,
siempre tomaba tiempo para nosotros.
Nos animaba a hacer grandes cosas, a cumplir nuestros sueños. Solía
decir: “Joel, no hagas lo que yo quiero que hagas. Haz lo que tú quieras
hacer. Sigue tus propios sueños”.
Mi papá creía en mis hermanos y en mí. Nos decía que éramos grandes, aun
cuando sabíamos que no lo éramos, se refería a nosotros como bendiciones
aun y cuando sabíamos que no nos estábamos comportando como bendición.
Mi mamá y mi papá criaron cinco hijos en nuestra casa. De niños, no
teníamos programas para niños como hoy en día los tienen en muchas
iglesias, todos nos reuníamos en el mismo auditorio. Mi hermanita, April,
y yo solíamos sentarnos en la primera fila de ese antiguo edificio donde
cabían unas doscientas personas. Jugábamos al “gato” (o también conocido
como “cruces y círculos”) durante toda la reunión. (Estoy confesando
esto para que usted sepa que todavía hay esperanza para sus hijos. Yo no
puse atención, y Dios me hizo un pastor. ¡Quién sabe qué hará con sus
hijos!).
Mi papá estaría en la plataforma, y mi mamá nos tendría a nosotros cinco
en una fila, mientras alzaba sus manos, alabando a Dios con sus ojos
cerrados. Sin embargo, tenía la sorprendente habilidad, con todo y sus
ojos cerrados, de saber cuándo nos estábamos portando mal. Eso me
asombraba muchísimo. ¡Creo que era mi primera experiencia con el poder
sobrenatural de Dios! Veía a mi mamá para asegurarme que tenía cerrados
los ojos antes de hacer algo para molestar a mi hermano, Paul. Sin
perder un segundo, mi mamá bajaba lentamente una mano, con mucha gracia
me tomaba el brazo, ¡y me daba un fuerte pellizco! Yo hubiera querido
gritar pero sabía que lo mejor era no hacerlo. Y después, mi mamá
levantaría de nuevo su brazo para continuar alabando al Señor.
Pensaba: Mamá, tienes un don. ¡Eso es sobrenatural!
Estoy bromeando (un poco), pero el punto es que mis hermanos y yo no
éramos unos niños perfectos. Cometimos bastantes errores, pero mis
padres nunca se fijaron demasiado en nuestras debilidades ni en los
problemas. Siempre se enfocaban en las soluciones, constantemente nos
decían que éramos los mejores niños del mundo, y crecimos sintiéndonos
seguros, sabiendo que nuestros padres no sólo se amaban, pero nos amaban
y creían en nosotros, y nos apoyarían pasara lo que pasara. Sabíamos que
nunca nos criticarían ni condenarían, pero siempre creerían lo mejor de
nosotros.
Como crecí con la aceptación y aprobación de mis padres, ahora, siendo
padre yo, estoy practicando la misma clase de cosas con mis hijos. Estoy
hablando palabras de bendición a sus vidas que pasarán de generación a
generación, y yo sé que mis hijos transmitirán la bondad de Dios a sus
hijos, y así sucesivamente.
Una de las primeras cosas que hago al ver a mi hijito Jonathan en la
mañana, es decir: “Jonathan, eres lo mejor, hombre”. Constantemente le
estoy diciendo: “Jonathan, tú eres el regalo de Dios para Mamá y para
mí, te amamos; estamos orgullosos de ti; siempre te apoyaremos”. Le digo
a nuestra hija, Alexandra, la misma clase de cosas.
Antes de que se vayan a la cama, les digo a nuestros dos hijos: “Papi
siempre será tu mejor amigo”. Victoria y yo siempre les estamos
diciendo: “No hay nada que no puedes hacer. Tienes un futuro emocionante
ante ti. Estás rodeado del favor de Dios. Todo cuanto toques
prosperará”.
Victoria y yo creemos que tenemos tanto una oportunidad como una
responsabilidad de hablar las bendiciones de Dios a nuestros hijos
ahora, mientras están pequeños. ¿Por qué esperar hasta que sean
adolescentes, o estén en sus veinte años y por casarse, para comenzar a
orar que las bendiciones de Dios llenen sus vidas? No, estamos
declarando las bendiciones de Dios sobre ellos todos los días de su
vida. Y tenemos la plena convicción de que nuestras palabras impactarán
a nuestros hijos mucho después de que hayan crecido y tengan sus propios
hijos.
¿Qué está dejando usted a la siguiente generación? No es suficiente sólo
pensarlo; tiene que hablarlo. Una bendición no es una bendición si no se
habla y sus hijos necesitan oírle palabras como: “Te amo. Creo en ti.
Pienso que eres especial. No hay nadie como tú. Eres único”. Necesitan
escuchar su aprobación; necesitan sentir su amor; necesitan su
bendición.
Sus hijos pueden estar ya grandes, pero eso no debería detenerle de
tomar el teléfono para hablarles y animarles, decirles que está
orgulloso de ellos. Quizá usted no practicó bendecir a sus hijos
mientras crecían, pero no es demasiado tarde; comience a hacerlo ahora
mismo.
De manera similar, es importante que un esposo entienda que sus palabras
ejercen tremendo poder en la vida de su esposa. Él necesita bendecirla
con sus palabras, ya que ella ha dado su vida para amarlo y cuidarlo,
para ser su pareja, para crear una familia juntos, y para criar a sus
hijos. Si siempre está encontrando algo mal en lo que ella esté
haciendo, si siempre está menospreciándola, él segará terribles
problemas en su matrimonio y en su vida.
Además, muchas mujeres hoy día se encuentran deprimidas y se sienten
emocionalmente abusadas porque sus maridos no las bendicen con sus
palabras. Una de las principales causas de crisis emocional entre las
mujeres casadas es el hecho de que no se sienten valoradas y una de las
razones principales por las que se da esta diferencia es porque los
esposos están conscientes o inconscientemente negando dar las palabras
de aprobación que tan desesperadamente desean las mujeres. Si usted
desea ver una obra milagrosa en su matrimonio, comience a alabar a su
pareja, comience a apreciarla y a animarla.
“Ah, mi esposa sabe que la amo”, dijo un señor mayor: “No necesito
decírselo, se lo dije hace cuarenta y dos años, al casarnos”.
No, ella necesita oírlo una y otra vez. Cada día, un esposo debería
decirle a su esposa: “Te amo”. Te aprecio. Eres la mejor cosa que jamás
me ha sucedido”. Una esposa debería hacer lo mismo por su esposo, su
relación mejoraría muchísimo si simplemente comenzara a hablar palabras
amables y positivas, bendiciendo a su pareja en lugar de maldecirla.
Declare la bondad de Dios
Debe comenzar a declarar la bondad de Dios en su vida. Declare
confiadamente: “El rostro de Dios está resplandeciendo sobre mí, y Él
desea ser bueno conmigo”. Eso no es jactarse, así es cómo Dios dice que
seremos bendecidos, cuando empecemos a declarar su bondad.
Permíteme hacer algunas declaraciones a su vida:
- -
Declaro que usted es bendecido con la sabiduría sobrenatural de Dios, y
que tiene una dirección clara para su vida.
- -
Declaro que es bendecido con creatividad, con valentía, con habilidad y
con abundancia.
- -
Declaro que es bendecido con una voluntad fuerte y con autocontrol y
disciplina propia.
-
Declaro que es bendecido con una magnífica familia, con buenas
amistades, con buena salud y con fe, con favor, con satisfacción y
realización.
- -
Declaro que es bendecido con éxito, con fuerza sobrenatural, con
ascensos y con protección divina.
- -
Declaro que es bendecido con un corazón obediente y con una actitud
positiva de la vida.
- -
Declaro que cualquier maldición que jamás se haya hablado sobre usted,
cualquier palabra mala o negativa dicha en contra suya, será rota ahora
mismo.
- -
Declaro que es bendecido en la ciudad; es bendecido en el campo; es
bendecido cuando entra; es bendecido cuando sale.
- -Declaro
que todo lo que hagan sus manos prosperará y saldrá bien.
-
¡Declaro que es bendecido!
Le animo a recibir estas palabras y a que las medite; permita que
penetren en lo profundo de su corazón y su mente y se hagan una realidad
en su vida. Practique hacer algo parecido con su familia. Aprenda a
hablar bendiciones sobre su vida, sus amigos, su futuro. Recuerde que
una bendición no es una bendición hasta que es hablada. Si usted hace su
parte y comienza a hablar audazmente las bendiciones sobre su vida y las
vidas de los que le rodean, Dios le proveerá de todo lo que necesita
para vivir la vida abundante que Él quiere que tenga.
Autor: Joel Osteen
Tomado del libro: Su Mejor Vida Ahora
Editorial: Casa creación |